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Lechuga: los errores que la estropean y la hacen aburrida –

Es un ingrediente socorrido: mezclando la lechuga con cuatro cosas más y aliñando bien, tenemos una ensalada, el mejor plato para comer sano -si no le añadimos demasiados condimentos con grasas-. Y es que la lechuga es una hortaliza con muy pocas calorías: sólo 16 por cada 100 gramos, su gran contenido, hasta el 95%, es agua. Además es rica en fibra y en vitaminas antioxidantes como la A, C y E; y contiene vitaminas del grupo B y Ivitamina K.

Esas son algunas de sus bondades, pero lo cierto es que muchas veces no la usamos como deberíamos. No la limpiamos bien, la dejamos en la nevera de cualquier manera y se nos estropea en dos días, o nos aburrimos de tomarla porque siempre la preparamos igual. Si quieres evitar los errores más habituales que cometes en casa con la lechuga, toma nota.

Conservarla mal

Es uno de esos vegetales que acabamos colocando directamente en la nevera, en el cajón de las verduras; pero “si es una lechuga que viene directa del campo –explicaba a Comer Lluís Riera, director de la consultora de seguridad alimentaria SAIA–; es mejor guardarla fuera”. La razón es que “si no ha sido manipulada aguantará más a la misma temperatura que estaba en el campo, es decir, a temperatura ambiente”. No es el caso de la lechuga que se vende ya en bolsas y que ha recibido tratamientos, que sí que tiene que ir directa a la nevera.

Además, Riera nos explicaba un truco para que la lechuga se conserve fresca durante más tiempo: “envolverla en papel absorbente para controlar la humedad”. También es importante fijarnos en que las hojas del vegetal no toquen las paredes del frigorífico.

No limpiarla bien

Se ha generado el consumo de lechugas ya lavadas y embolsadas, pero lo cierto es que si compramos las piezas enteras, nos aguantará más tiempo. Ahora bien, el lavado antes de consumir es un momento importante. “Consumirlo sin limpiar representa un riesgo a nivel de seguridad alimentaria. Debemos eliminar los restos de tierra para minimizar la presencia de microorganismos y parásitos”, cuenta Mercè Gonzalo, dietista nutricionista y tecnóloga alimentaria. Y es que los vegetales que comemos crudos son especialmente peligrosos, ya que pueden contener bacterias como la salmonella o la e-coli que se transmiten a través de los alimentos o pesticidas.

Por eso el lavado debe hacerse a conciencia pero preferiblemente sin dejarla mucho tiempo a remojo (ya que puede perder sabor y nutrientes). La podemos lavar a fondo simplemente con unas gotas de lejía para uso alimentario, y posteriormente secarla bien.

Dejarla aguachada

No es suficiente con quitar el agua del cacharro o bol donde hayamos lavado la lechuga y poner las hojas directamente al plato o fuente. Debemos secar bien el exceso de agua porque no hay nada más desagradable que una ensalada aguada. “Es importante secar la lechuga lo máximo posible. Servirla sin haberla escurrido suficientemente no es un problema nutricional pero sí la hará menos apetecible”, explica Gonzalo.

Ya sabemos que para ello existen utensilios especializados como lascentrifugadoras o secadoras de vegetales, que son muy prácticas. También el papel de cocina nos puede servir para eliminar el exceso de humedad -aunque no es una opción tan ecológica-.

Usar siempre los mismos tipos

Cada vez tenemos más variedades de todo tipo de hortalizas y verduras en los supermercados y tiendas especializadas. Pero a veces nos perdemos en este mar de hojas verdes, y acabamos consumiendo siempre las mismas: la romana o la iceberg, los dos tipos más vendidos en el mercado español.

Estas son algunas de las más de 100 variedades de lechugas que puedes identificar en el mercado, además de estas dos citadas más usadas.

Aliñarla mal (o siempre igual)

No debemos caer en el aburrimiento del vinagre, el aceite y la sal. “A esa vinagreta básica le podemos añadir ingredientes como: mostaza, miel, salsa de soja, hierbas aromáticas, ralladura de limón, frutos secos picados, un aguacate bien maduro…”, apuntaba Mireia Cervera, nutricionista del grupo de restaurantes vegetarianos Teresa Carles.

El rey de las verduras, el chef Rodrigo de la Calle, desde el restaurante madrileño El Invernadero, nos apuntaba una de sus vinagretas favoritas. “Para una ensalada de hortaliza de hoja, de pescado o de jamón york o una ensalada que tenga alguna verdura astringente (como alcachofas o espárragos) sería: una cucharada de mostaza antigua (base ácida), con un poco de sal y mezclada con aceite de oliva. El aceite se echa poco a poco y queda montado como si fuese una mayonesa”.

Conservarla una vez aliñada

Si ha sobrado lechuga ya aliñada y la guardamos, se marchitará en pocas horas y resultará muy poco agradable. La sal favorece que pierda el agua interna de las hojas, y por eso perderán la turgencia. Así que si te sobra lechuga con el aceite, el vinagre y la sal (o cualquier vinagreta o salsa que le hayas añadido), mejor tíralo a la basura.

Descartarla en la cocina caliente

Si bien es cierto que la lechuga -en la mayoría de sus variedades- se suele tomar en crudo y en forma de ensalada, no la debemos descartar en la cocina caliente.